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domingo, 7 de abril de 2013

Gran Poder de Sevilla



Nos encontramos ante el Gran Poder de Sevilla realizado por Juan de Mesa en su etapa de madurez. Es una muestra de imaginería sevillana perteneciente al arte barroco. Actualmente se encuentra en Sevilla, en la basílica que recibe su nombre.

Esta imagen es una escultura exenta, siendo una imagen para vestir y procesionar por las calles. Representa a Jesús portando la cruz en un momento de cansancio absoluto. El material usado es la madera aunque se le añaden diversos postizos como las potencias de oro. Porta una túnica morada o el cordón. La composición presenta una suave diagonal que arranca desde la cintura para soportar el peso de la cruz; las piernas están abiertas, acentuando el movimiento del cuerpo que vemos inclinado hacia delante (sobre todo si lo vemos desde el lateral). El modelado, bastante profundo, depende de la policromía para acentuar los detalles. La imagen representa un gran sufrimiento, siendo muy emocional (de ahí deriva su gran popularidad). La mirada cambia según el lugar desde el que se observe. Este imaginero de la escuela sevillana destaca por sus diversas imágenes, todas muy expresivas, tanto de cristos como de vírgenes.

Cuando esta imagen fue realizada, España seguía fielmente los cánones de la Contrarreforma. Esta buscaba llevar la Religión Católica a todo el mundo, de manera que se buscó teatralizar la pasión de Cristo volviendo las calles un gran escenario, buscando así influir al fiel y potenciar su religiosidad, primaba el culto de los sentidos ante todo lo demás. En la actualidad, la Semana Santa sigue siendo un fiel reflejo en Andalucía de este gusto barroco contrarreformista por la pasión teatralizada.

Inmaculada de Soult



Nos encontramos ante La Inmaculada de Soult pintada por Bartolomé Esteban Murillo en el año 1678. Esta obra pictórica pertenece a la escuela española del arte barroco. Es un óleo sobre tabla y en la actualidad se encuentra en el Museo del Prado, Madrid, España.

Esta obra nos muestra a la Virgen María en una posición central, rodeada de ángeles. Se la representa en una posición en la que se conjugan tanto su papel de Inmaculada como la Ascensión. Sus ropajes son azules y blancos, está apoyada sobre la Luna (representación de su poder) y su mirada se dirige hacia el cielo. Los ángeles de su alrededor la contemplan, mientras los de abajo la impulsan en su camino. Este cuadro destaca por lo etéreo que es, consiguiendo con sus finas pinceladas fundir las figuras con la atmósfera celestial. La luz procede desde la esquina inferior izquierda. El cuadro fue encargado por Justino de Neve para el Hospital de los Venerables de Sevilla, siendo expoliado y llevado a Francia durante la Guerra de la Independencia por el mariscal Soult (de ahí su sobrenombre) exponiéndose en el Louvre durante casi un siglo hasta que fue traída de vuelta a España en el año 1941, tras un intercambio de obras de arte entre el museo parisino y el Prado, de Madrid. Murillo destaca por su gran producción de Inmaculadas, uno de sus temas favoritos. Autor que tras empezar siendo tenebrista acabó desechándolo, se convirtió en uno de los pintores más importantes del país. Entre sus obras más importantes son, entre otras, “La sagrada familia del pajarillo”, “San Juanito y el cordero”, “Niños comiendo fruta” o “Niños jugando a los dados”.

Esta obra pertenece a la escuela española barroca cuyos principales autores son Ribera, Zurbarán, Velázquez y Murillo. Los dos primeros, más naturalistas, aunque atenúan el tenebrismo típico del barroco; los otros dos prefieren plasmar lo bello y noble, humanizando y haciendo digno incluso a los bufones y los pobres. Entre las obras más destacadas de Ribera encontramos el “Martirio de San Andrés” y “El sueño de Jacob”; entre las de Zurbarán “San Hugo en el refectorio” y sus diversos cuadros sobre monjes; de Velázquez, “Vieja friendo huevos” y, sobre todo, “La familia de Felipe IV o las Meninas”.

Cuando este cuadro fue realizado, España se encontraba en un momento de total decadencia política. El gran imperio mundial que tanto esfuerzo había costado a los primeros Austrias, Carlos I y su hijo Felipe II, se desbarataba debido a la incompetencia de sus sucesores, quienes se valían de validos para reinar, en vez de ejercer sus funciones como reyes. Sin embargo, este es también el Siglo de Oro de las artes y las letras españolas. Época de contrastes, de esplendor y pobreza, de solemnidad y opulencia, de luces y sombras.

La familia de Felipe IV o las Meninas



Nos encontramos ante el cuadro La familia de Felipe IV, más conocido como las Meninas, pintado por Velázquez en el año 1656. Es una muestra de la pintura española del Barroco. Actualmente se encuentra en el Museo del Prado, Madrid, España.

Este cuadro nos muestra una escena que se desarrolla en el Alcázar de Madrid, exactamente en el Cuarto del Príncipe. Se nos muestra a 11 personas repartidas por toda la estancia. En el centro, presidiendo el cuadro, se encuentra la Infanta Margarita, de unos 5 años, acompañado de las Meninas: Isabel de Velasco y María Agustina Sarmiento. A la izquierda, el propio Velázquez, pintando un lienzo. A la derecha, los enanos Mari Bárbola  y Nicolasillo Pertusato, junto a un perro. Justo detrás de estos, doña Marcela de Ulloa y un desconocido guardadamas. En la puerta aparece el aposentador José Nieto y, en el espejo de la pared del fondo, se reflejan las figuras de  Felipe IV y su segunda esposa Mariana de Austria. La escena podría representar lo siguiente: la infanta Margarita y su corte llegan al taller del pintor para verle trabajar. La pequeña tiene sed, por lo que María Agustina Sarmiento le ofrece algo de beber. Justo entonces aparecen los Reyes (el aposentador les habría abierto la puerta, como era su deber) por lo que la actividad de casi todos los personajes se detiene. Isabel de Velasco hace una reverencia a sus majestades. Sin embargo, Marcela de Ulloa no se percata de su entrada y continúa hablando. La infanta, ajena a la llegada de sus padres, mira de forma cómplice al espectador del cuadro. No se sabe muy bien por qué realizó Velázquez esta obra: hay quien dice que es un retrato a gran escala de Felipe IV y Mariana de Austria; otros, que refleja un momento de la vida en la Corte, una representación de cómo era la vida en ella; otros buscan un significado más simbólico ya que lo interpretan como una continuación de la monarquía en la figura de la joven. Se basan en diferentes pruebas para decir ello. Se dice que las cabezas de los personajes de la izquierda forman un círculo, símbolo de la continuación eterna y de la perfección. También, que todas las cabezas del cuadro, tienen la forma de una constelación cuya estrella principal es llamada Margarita, como la protagonista del cuadro. El autor usa una pincelada suelta, retratando hasta el más mínimo detalle. También destacan las pequeñas pinceladas de color rojo que se aplican en diversas partes del lienzo.  Usa también claroscuros, siendo la sala iluminada por la puerta del fondo y algunas ventanas a la derecha, focalizando la luz en la figura de la pequeña Margarita. Este autor, excepcional y muy reconocido en su época, es considerado el iniciador del Realismo y el Impresionismo. Presenta varias tipologías en sus obras: las primeras, en Sevilla, más tenebristas entre  las que destacamos obras como Cristo en casa de Marta o Vieja friendo huevo; los retratos, especialmente de miembros de la Familia Real como el infante Baltasar Carlos o el rey Felipe IV; históricos como la Rendición de Breda; mitológicos  como La fragua de Vulcano o la Venus del espejo; paisajes, especialmente la Villa Medici y religiosos como su Inmaculada.

Esta obra es una muestra de la pintura barroca española. Esta se caracteriza principalmente por su evolución desde el tenebrismo hacia una concepción más luminosa. Se busca plasmar el realismo pero siempre buscando lo más bellos, llegando a humanizar y ennoblecer a personajes de los bajos fondos como los bufones. Destacan, además de Velázquez, autores de gran calidad: Murillo, Zurbarán, Ribera y Alonso Cano. De Ribera debemos destacar su Martirio de San Felipe y el Sueño de Jacob; de Zurbarán, los Trabajos de Hércules y San Hugo en el Refectorio y de Murillo, sus diferentes Inmaculadas (tema muy tratado por el artista) y los niños comiendo fruta.

Joven de la Perla



Nos encontramos ante La joven de la perla realizada por Veermer de Delft en 1665. Este óleo sobre tabla pertenece a la escuela flamenca de la pintura barroca.

El cuadro nos muestra el retrato de una joven desconocida, a la que apoda “de la perla” por la que lleva en su oreja. El fondo es neutro, de color negro, para reflejar mejor la personalidad de la chica. Está situada de perfil, girando la cabeza tres cuartos para dirigir su intensa mirada al espectador. Su boca se abre ligeramente, mostrando así su intención de hablar, dando además mayor realismo a la composición. La joven viste una chaqueta de color pardo, en la que destaca el cuello blanco y una especie de turbante azul y pardo, con reflejos blancos. Destaca el uso de la luz, que recuerda un poco a Caravaggio, ya que ilumina sólo algunas partes del rostro de la joven, dejando otras en sombra. De este cuadro suele decirse que la figura destaca sobre el fondo oscuro, haciéndose luz.

Esta obra pertenece a la pintura barroca de los Países Bajos. La pintura de Flandes y Holanda se caracteriza por las diferencias que había entre ambos territorios: católicos y protestantes; monarquía y república…  Destacan aquí Rubens y Rembrandt, uno holandés y otro flamenco. Entre las obras más importantes del primero debemos destacar las Tres Gracias y el Rapto de Proserpina. En el caso del segundo, destacan la Ronda de noche y sus “lecciones de anatomía”.

Cuando este cuadro fue realizado, Europa se hallaba dividida. El credo protestante se había extendido por toda la zona de Alemania – más por motivos políticos que religiosos – poniendo en peligro todo lo que se había conocido hasta entonces. También aparecen los estados modernos, gobernados por unos despóticos reyes absolutos que no dudarán en abusar de su poder para someter al pueblo. Sin embargo aparecerán en este clima las mayores representaciones artísticas de la humanidad: cuadros y esculturas llenos de expresionismo y edificios cargados de movimiento que sabían conjugar el lujo de los ricos con la sobriedad del estado llano.