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domingo, 14 de abril de 2013

Las señoritas de Avignon



Nos encontramos ante Las señoritas de Avignon de Pablo Picasso realizado en el 1907. Pertenece a la pintura cubista. En la actualidad, se encuentra en el MoMA de Nueva York, EEUU.

En el cuadro podemos ver cinco figuras femeninas. Estas están representadas desnudas, pero sus caras y cuerpos se dibujan de forma abstracta, irreal, sin ningún rigor. Es la primera etapa cubista del autor y eso puede apreciarse totalmente en la forma de plasmar las figuras. Los colores son suaves, predominando los tonos pastel, especialmente el rosa, aunque también aparece el azul. Las líneas son bastante gruesas.

El cubismo es una corriente francesa que surge en París y que busca la geometría en la naturaleza. Especialmente, Picasso busca está aportándole unas dimensiones (escultura africana e ibérica). Es un arte analítico, en el que los planos se analizan en la superficie de la tela. Era, en definitiva, el “arte intelectual”.

La persistencia de la memoria



Nos encontramos ante La persistencia de la memoria, conocido también como los relojes blandos, de Salvador Dalí, realizado en 1931. Es una muestra de la pintura surrealista. Actualmente se encuentra en el MoMA de Nueva York, EEUU.

El cuadro se desarrolla en una escena simple, aparece una bahía al fondo, concretamente la bahía de Port Lligat, al amanecer. Podemos observar varios relojes derritiéndose, uno de ellos sobre una especie de cara, que aparece en otros cuadros suyos, y que presenta cierta similitud con una gran roca que había visto en el cabo de Creus. Sobre uno de los relojes hay una mosca y sobre otro montones de hormigas de pequeño tamaño. Los relojes, al igual que la memoria, se van derritiendo por el inexorable paso del tiempo.

El surrealismo surge en Francia, a principio del S.XX, y es un movimiento que busca lo irracional y lo inconsciente. Se apoya en las teorías de Freud ya que se busca la conexión con la parte más irracional del ser humano, con la que nos conecta con el todo. Por tanto, el surrealismo busca por tanto conectar con la parte más humana del ser humano, con los sueños y los verdaderos sentimientos.

Sevilla. El baile



Nos encontramos ante la obra llamada “Sevilla. El baile” realizada por Joaquín Sorolla en el año 1815. Es una muestra de la pintura española postimpresionista.

En la imagen podemos ver una escena, probablemente de la feria de Abril, en la que aparece un grupo de mujeres vestidas con traje de gitana y peinadas con el pelo recogido, complementado con peinetas y flores. La mayoría aparecen sentadas, alrededor de cuatro jóvenes que bailan sevillanas mientras tocan las castañuelas. La escena se desarrolla en una especie de habitación, decorada con farolillos de colores en el techo. En el suelo podemos ver una fuente, además de sillas de nea y macetas con flores. El cuadro tiene un gran colorido y refleja muy bien el movimiento. La luz entra por la entrada que hay en el fondo. Sorolla se caracteriza por sus representaciones del mar Mediterráneo y el tratamiento que hace de la luz.

Esta obra pertenece al Impresionismo. Este arte se basa en la búsqueda de los sentimientos, que se intentan plasmar en las obras. Los principales autores son van Gogh, Seurat con obras como “El baño de Asnieres”, Cezanne con sus “Jugadores de cartas”, Gauguin quien centra su obra en sitios exóticos como Tahití, Lautrec con sus carteles y van Gogh con sus autorretratos o su “Noche estrellada”.

sábado, 13 de abril de 2013

La carga de los Mamelucos



Nos encontramos ante el cuadro La carga de los Mamelucos o el 2 de mayo de 1808 realizado por Francisco de Goya en 1814. Es un óleo sobre lienzo y pertenece a la pintura española neoclásica.

El cuadro representa la revuelta popular iniciada el 2 de mayo de 1808 por el pueblo madrileño que provocaría la Guerra de la Independencia. La escena central la forma un Mameluco que cae del caballo, muerto, mientras otro ciudadano apuñala a su caballo. Se pueden observar los rostros de terror del ejército francés, el más fuerte del momento, que no se esperaba el ataque popular. La técnica usada se caracteriza por las pinceladas rápidas, sueltas, a base de manchones, como si fueran un estallido de violencia. La escena está teñida de dramatismo y los colores son muy brillantes. Se usa un gran juego de luces y sombras para destacar detalles. Esta obra se trata de un manifiesto antibelicista, que nos muestra el odio indiscriminado que genera la violencia. Goya siempre fue un pintor un tanto independiente, con un estilo propio. Pasó por muchas fases debido a su agitada vida, llegando incluso a ser pintor de la Corte. Entre sus cuadros más importantes debemos destacar “La maja desnuda” y “La maja vestida”, “Los fusilamientos del 3 de Mayo”, “La familia de Carlos IV” y la colección “Los desastres de la Guerra” en la que critica duramente la Guerra de la Independencia.

Cuando este cuadro se pintó, España acababa de expulsar al invasor francés. Napoleón había tomado el país mediante engaños al rey, Carlos IV, y a su heredero, futuro Fernando VII. Así, el pueblo madrileño, inició una revuelta popular que acabaría por extenderse a toda España. Paralelamente, en Cádiz se inició una auténtica revolución liberal y burguesa que culminaría con la Constitución de 1812, popularmente conocida como “La Pepa”, primera constitución de España que marcaría el comienzo de la libertad.

domingo, 7 de abril de 2013

Gran Poder de Sevilla



Nos encontramos ante el Gran Poder de Sevilla realizado por Juan de Mesa en su etapa de madurez. Es una muestra de imaginería sevillana perteneciente al arte barroco. Actualmente se encuentra en Sevilla, en la basílica que recibe su nombre.

Esta imagen es una escultura exenta, siendo una imagen para vestir y procesionar por las calles. Representa a Jesús portando la cruz en un momento de cansancio absoluto. El material usado es la madera aunque se le añaden diversos postizos como las potencias de oro. Porta una túnica morada o el cordón. La composición presenta una suave diagonal que arranca desde la cintura para soportar el peso de la cruz; las piernas están abiertas, acentuando el movimiento del cuerpo que vemos inclinado hacia delante (sobre todo si lo vemos desde el lateral). El modelado, bastante profundo, depende de la policromía para acentuar los detalles. La imagen representa un gran sufrimiento, siendo muy emocional (de ahí deriva su gran popularidad). La mirada cambia según el lugar desde el que se observe. Este imaginero de la escuela sevillana destaca por sus diversas imágenes, todas muy expresivas, tanto de cristos como de vírgenes.

Cuando esta imagen fue realizada, España seguía fielmente los cánones de la Contrarreforma. Esta buscaba llevar la Religión Católica a todo el mundo, de manera que se buscó teatralizar la pasión de Cristo volviendo las calles un gran escenario, buscando así influir al fiel y potenciar su religiosidad, primaba el culto de los sentidos ante todo lo demás. En la actualidad, la Semana Santa sigue siendo un fiel reflejo en Andalucía de este gusto barroco contrarreformista por la pasión teatralizada.

Inmaculada de Soult



Nos encontramos ante La Inmaculada de Soult pintada por Bartolomé Esteban Murillo en el año 1678. Esta obra pictórica pertenece a la escuela española del arte barroco. Es un óleo sobre tabla y en la actualidad se encuentra en el Museo del Prado, Madrid, España.

Esta obra nos muestra a la Virgen María en una posición central, rodeada de ángeles. Se la representa en una posición en la que se conjugan tanto su papel de Inmaculada como la Ascensión. Sus ropajes son azules y blancos, está apoyada sobre la Luna (representación de su poder) y su mirada se dirige hacia el cielo. Los ángeles de su alrededor la contemplan, mientras los de abajo la impulsan en su camino. Este cuadro destaca por lo etéreo que es, consiguiendo con sus finas pinceladas fundir las figuras con la atmósfera celestial. La luz procede desde la esquina inferior izquierda. El cuadro fue encargado por Justino de Neve para el Hospital de los Venerables de Sevilla, siendo expoliado y llevado a Francia durante la Guerra de la Independencia por el mariscal Soult (de ahí su sobrenombre) exponiéndose en el Louvre durante casi un siglo hasta que fue traída de vuelta a España en el año 1941, tras un intercambio de obras de arte entre el museo parisino y el Prado, de Madrid. Murillo destaca por su gran producción de Inmaculadas, uno de sus temas favoritos. Autor que tras empezar siendo tenebrista acabó desechándolo, se convirtió en uno de los pintores más importantes del país. Entre sus obras más importantes son, entre otras, “La sagrada familia del pajarillo”, “San Juanito y el cordero”, “Niños comiendo fruta” o “Niños jugando a los dados”.

Esta obra pertenece a la escuela española barroca cuyos principales autores son Ribera, Zurbarán, Velázquez y Murillo. Los dos primeros, más naturalistas, aunque atenúan el tenebrismo típico del barroco; los otros dos prefieren plasmar lo bello y noble, humanizando y haciendo digno incluso a los bufones y los pobres. Entre las obras más destacadas de Ribera encontramos el “Martirio de San Andrés” y “El sueño de Jacob”; entre las de Zurbarán “San Hugo en el refectorio” y sus diversos cuadros sobre monjes; de Velázquez, “Vieja friendo huevos” y, sobre todo, “La familia de Felipe IV o las Meninas”.

Cuando este cuadro fue realizado, España se encontraba en un momento de total decadencia política. El gran imperio mundial que tanto esfuerzo había costado a los primeros Austrias, Carlos I y su hijo Felipe II, se desbarataba debido a la incompetencia de sus sucesores, quienes se valían de validos para reinar, en vez de ejercer sus funciones como reyes. Sin embargo, este es también el Siglo de Oro de las artes y las letras españolas. Época de contrastes, de esplendor y pobreza, de solemnidad y opulencia, de luces y sombras.

La familia de Felipe IV o las Meninas



Nos encontramos ante el cuadro La familia de Felipe IV, más conocido como las Meninas, pintado por Velázquez en el año 1656. Es una muestra de la pintura española del Barroco. Actualmente se encuentra en el Museo del Prado, Madrid, España.

Este cuadro nos muestra una escena que se desarrolla en el Alcázar de Madrid, exactamente en el Cuarto del Príncipe. Se nos muestra a 11 personas repartidas por toda la estancia. En el centro, presidiendo el cuadro, se encuentra la Infanta Margarita, de unos 5 años, acompañado de las Meninas: Isabel de Velasco y María Agustina Sarmiento. A la izquierda, el propio Velázquez, pintando un lienzo. A la derecha, los enanos Mari Bárbola  y Nicolasillo Pertusato, junto a un perro. Justo detrás de estos, doña Marcela de Ulloa y un desconocido guardadamas. En la puerta aparece el aposentador José Nieto y, en el espejo de la pared del fondo, se reflejan las figuras de  Felipe IV y su segunda esposa Mariana de Austria. La escena podría representar lo siguiente: la infanta Margarita y su corte llegan al taller del pintor para verle trabajar. La pequeña tiene sed, por lo que María Agustina Sarmiento le ofrece algo de beber. Justo entonces aparecen los Reyes (el aposentador les habría abierto la puerta, como era su deber) por lo que la actividad de casi todos los personajes se detiene. Isabel de Velasco hace una reverencia a sus majestades. Sin embargo, Marcela de Ulloa no se percata de su entrada y continúa hablando. La infanta, ajena a la llegada de sus padres, mira de forma cómplice al espectador del cuadro. No se sabe muy bien por qué realizó Velázquez esta obra: hay quien dice que es un retrato a gran escala de Felipe IV y Mariana de Austria; otros, que refleja un momento de la vida en la Corte, una representación de cómo era la vida en ella; otros buscan un significado más simbólico ya que lo interpretan como una continuación de la monarquía en la figura de la joven. Se basan en diferentes pruebas para decir ello. Se dice que las cabezas de los personajes de la izquierda forman un círculo, símbolo de la continuación eterna y de la perfección. También, que todas las cabezas del cuadro, tienen la forma de una constelación cuya estrella principal es llamada Margarita, como la protagonista del cuadro. El autor usa una pincelada suelta, retratando hasta el más mínimo detalle. También destacan las pequeñas pinceladas de color rojo que se aplican en diversas partes del lienzo.  Usa también claroscuros, siendo la sala iluminada por la puerta del fondo y algunas ventanas a la derecha, focalizando la luz en la figura de la pequeña Margarita. Este autor, excepcional y muy reconocido en su época, es considerado el iniciador del Realismo y el Impresionismo. Presenta varias tipologías en sus obras: las primeras, en Sevilla, más tenebristas entre  las que destacamos obras como Cristo en casa de Marta o Vieja friendo huevo; los retratos, especialmente de miembros de la Familia Real como el infante Baltasar Carlos o el rey Felipe IV; históricos como la Rendición de Breda; mitológicos  como La fragua de Vulcano o la Venus del espejo; paisajes, especialmente la Villa Medici y religiosos como su Inmaculada.

Esta obra es una muestra de la pintura barroca española. Esta se caracteriza principalmente por su evolución desde el tenebrismo hacia una concepción más luminosa. Se busca plasmar el realismo pero siempre buscando lo más bellos, llegando a humanizar y ennoblecer a personajes de los bajos fondos como los bufones. Destacan, además de Velázquez, autores de gran calidad: Murillo, Zurbarán, Ribera y Alonso Cano. De Ribera debemos destacar su Martirio de San Felipe y el Sueño de Jacob; de Zurbarán, los Trabajos de Hércules y San Hugo en el Refectorio y de Murillo, sus diferentes Inmaculadas (tema muy tratado por el artista) y los niños comiendo fruta.

sábado, 19 de enero de 2013

Virgen de Montserrat



Nos encontramos ante la Virgen de Montserrat de autor desconocido. Es una escultura del S.XII, perteneciente a la escuela catalana del arte románico.

Esta estatua, que mide 95 centímetros y está realizada en madera de álamo, representa a una Virgen sedente con el niño en brazos. Destaca por su rigidez y su hieratismo, característico de la estatuaria románica. Lleva en su mano la bola que simboliza al mundo (fuerte carácter simbólico de los elementos) y, el niño, levanta la mano derecha dando su bendición al mundo mientras sostiene en su mano izquierda una piña. La imagen está policromada completamente en tonos dorados, exceptuando la cara y mano de la Virgen y el niño que son de color negro. El uso de este color en las Vírgenes románicas es usual, aunque no se conoce el motivo de este cambio. La finalidad de esta estatua es didáctica (enseñar al pueblo la grandiosidad de la Madre de Dios).

La escultura románica está íntimamente ligada a las fachadas de las iglesias siendo casi exclusiva en ellas. Los temas principales eran la exaltación de la gloria de Cristo – el cual solía representarse rodeado por los tetramorfos, figuras alegóricas de los cuatro evangelistas -, el Apocalipsis… Sin embargo, también podemos apreciar algunas veces imágenes paganas como monstruos los cuales infundían temor en los hombres. Esta estatuaria se caracterizaba por el esquematismo, antinaturalismo, simbolismo, rigidez, simetría e hieratismo. Interesaba más el contenido que la imagen en sí, ya que su función era didáctica, por lo que a veces no estaban muy cuidadas. Por otra parte, también se representaban imágenes (principalmente crucificados y vírgenes entronizadas).

Cuando esta virgen fue realizada Europa se hallaba sumergida en plena Edad Media. Esta etapa se caracteriza por ser un período convulso, de frecuentes guerras y mucha miseria. Sin embargo, es la primera vez que Europa entera – separada en diversos reinos y no con un gobierno común – comparte dos características: la primera, el cristianismo que sería la religión oficial de prácticamente todo el continente (exceptuando las áreas paganas del noreste y las ortodoxas del Imperio Bizantino); la segunda, el arte románico que derivaría de esta unidad religiosa, del temor del fin del mundo en el año 1000 y de las peregrinaciones, aunque sería un arte de muy corta duración ya que enseguida se vio sustituido por la grandiosidad de las catedrales góticas.

Pantocrátor de San Clemente de Taull



Nos encontramos ante el Pantocrátor de la iglesia de San Clemente de Tahull (Lérida) de autor desconocido y pintado en el siglo XII. Pertenece a la pintura románica de la escuela catalana (inspirada en la italo-bizantina). Actualmente se encuentra en el Museo de Arte Nacional de  Cataluña.

Esta obra, una pintura al fresco localizada en el ábside de la iglesia, representa a un Cristo Pantocrátor (todo poderoso, del griego παν – todo – y  κρατος – poderoso) dentro de una mandorla, flanqueado por dos ángeles los cuales le dan una visión apocalíptica y las representaciones de los evangelistas a sus pies. Más abajo, ya en el muro, podemos apreciar como aparecen representados dentro de unos fingidos arcos y columnas la Virgen y cinco de los apóstoles. Podemos observar la gran influencia italo-bizantina que tiene esta obra debido a la falta de volumen y efectos espaciales, la simetría compositiva y el grueso trazo de las líneas que aparecen como elementos decorativos básicos. Por otra parte, también debemos destacar el paralelismo y la frontalidad de las figuras, además de los fondos monocromos. Un último detalle a destacar en esta imagen son las palabras escritas en el libro que porta el Cristo: EGO SUM LUX MUNDI, es decir, yo soy la luz del mundo dejando clara la intencionalidad, no sólo religiosa, sino también didáctica de esta obra.

Esta obra se engloba dentro de la pintura románica. Esta se caracteriza por la preponderancia escultórica y la poca pintura (aunque siempre policromada). Hay dos principales influencias, la carolingia (movimiento, expresividad, realismo plástico) y la bizantina (sin volumen ni efectos espaciales, simetría compositiva, contornos delimitados por trazos oscuros). A parte de esto, también se caracteriza por las posturas paralelas, el fondo monocromo, la frontalidad y el muro al fresco con retoques al temple. La iconografía se caracteriza por el Pantocrátor con los tetramorfos en el ábside, la Virgen con los apóstoles en el nivel inferior, pasajes del Evangelio o alegorías en el resto de muros y escenas del Juicio Final a los pies. En España, dentro de la pintura mural, destacan la escuela catalana inspirada en el estilo italo-bizantino (algunos ejemplos de aquí serían San Clemente de Taull, Santa María de Taull y  San Baudelio de Berlanga) y la escuela de Castilla y León de influencia carolingia (algunos ejemplos serían la Cripta de San Isidoro de León, San Justo en Segovia, San Juan de la Peña, San Román de Toledo y San Pedro de Arlanza). En la pintura sobre tabla destacan los altares dedicados a Cristo y, en menor medida, la Virgen y los Santos titulares de la iglesia. Finalmente, otro importante tipo de arte son los tapices como el Tapiz de Bayeux o las miniaturas que aparecen en la biblia y los manuscritos.

El período de este arte se caracteriza por ser el primer estilo internacional de Occidente el cual apareció gracias a la unidad espiritual del continente. Se extendió con rapidez gracias a las peregrinaciones, muy habituales en aquella época, como el Camino de Santiago. Del siglo V al X hubo una gran variedad regional, cosa que provocó un rápido cambio al arte gótico (en el S.XII ya se hacían construcciones góticas en París).

jueves, 6 de diciembre de 2012

Barranco de Valltorta




Nos encontramos ante una pintura de una cacería del Barranco de Valltorta (Castellón, Comunidad Valenciana) perteneciente al periodo Mesolítico, aproximadamente del 9.000 a.C. al 6.000 a.C. de autor desconocido y perteneciente al arte rupestre de la zona levantina.

Esta pintura está realizada sobre piedra, probablemente, cerca de la entrada de la cueva, en un lugar poco profundo como era usual en esta etapa artística. Es un dibujo esquemático en el que se representan tanto animales como seres humanos. Podemos apreciar el uso de la escala ya que los seres humanos se representan de un tamaño menor que los ciervos que están cazando. Es una pintura policromada, así mismo, podemos apreciar un intento de dinamismo ya que podemos apreciar como los hombres están lanzando flechas o cargando sus arcos y los ciervos corren en su dirección. Otro detalle a destacar es que, ahora, los animales aparecen formando grupos y no de forma individual.

Esta obra pertenece a la pintura rupestre de la zona levantina. Esta pintura destaca por su localización en zonas poco profundas de las cuevas (ya que, tras el deshielo, los seres humanos no tenían que habitar en la parte más profunda), por su esquematismo que llega a transformarse incluso en abstracción en ciertos momentos, además del comienzo del dinamismo, las obras tienen una cierta escala y pueden aparecer grupos de animales, además, comienza a aparecer el ser humano (anteriormente, como mucho, aparecían siluetas de manos), pero se siguen policromando las pinturas. Debemos destacar el fuerte contraste con la anterior escuela, la franco-cantábrica, en la que las pinturas presentaban un gran realismo, pero también un gran tamaño, siempre aparecían solas, sin formar grupos, no aparecía el ser humano centrándose en representaciones de ciervos, bisontes y caballos principalmente. Finalmente, no conocemos cómo comenzó el hombre a pintar, aunque hay varias teorías: por una parte tenemos la teoría de Henry Breuil o mágico-simpática que nos dice que el hombre, para propiciar la caza creía que debía pintar la imagen del animal que deseaba cobrar, era una forma de asegurarse la caza, sin embargo, las figuras más representadas son bisontes y caballos, mientras se solían cazar más renos y ciervos; por otra, la teoría de Leroi-Gorhan o religiosa que nos dice que los cuevas eran lugares sagrados donde se realizaban ritos de iniciación, cosa que se intuye debido a la disposición, mostrando un complejo sistema de creencias en el que los bisontes y caballos representarían lo masculino y femenino (opuestos que se unen para generar vida), siendo los renos y ciervos un segundo nivel de creencias; finalmente, también se cree que el ser humano, cuando tenía tiempo libre, comenzó a pintar y dibujar de forma espontánea siendo conocida esta teoría como “El arte por el arte”.

Esta obra fue realizada en el Mesolítico, en este período, el ser humano había comenzado a cambiar su modelo de vida debido al fin del período glaciar y el deshielo. Aún eran depredadores, centrando su economía en la caza y la recolección, pero habían comenzado su transformación hacia una economía productiva. Por otra parte, los asentamientos comenzaron a ser al aire libre o en las partes poco profundas de las cuevas, destacando, además, los útiles especializados como la hoz o los diversos molinos de mano. La sociedad había dado un importante paso, había comenzado a avanzar.

Bisonte de Altamira




Nos encontramos ante os encontramos anteuna pintura de un bisonte de la cueva de Altamira (Cantabria), del Paleolítico Superior, concretamente del período Magdaleniense (datada aproximadamente del 15.000 a.C. al 9.000 a.C.) de autor desconocido y perteneciente a la escuela franco-cantábrica del arte rupestre.

Esta pintura está realizada sobre las paredes de piedra de la cueva siendo un dibujo de carácter realista, fruto de una profunda observación. Representa un bisonte en una posición estática y solo, sin pertenecer a un grupo. Es una pintura policromada pintada mediante el método del tamponado, con el contorno bien marcado, también es una figura de gran tamaño en la que se aprovechan las rugosidades para dar un cierto volumen al animal.

Esta obra pertenece a la pintura rupestre de la escuela franco-cantábrica, localizada en el norte de España y en Francia. Las características de esta escuela son el dibujo de animales estáticos de gran tamaño que no forman grupos, tienen un gran naturalismo siendo imágenes policromadas pintadas mediante el método del tamponado el cual consiste en dibujar primero la silueta y después colorear el interior golpeando la superficie con los dedos tras cubrirlos con piel y untarlos en pintura, la cual se obtenía con roca pulverizada aglutinada con grasa o con madera quemada (para obtener el color negro). Además, aprovechaban la rugosidad de las paredes en las que pintaban para aportar cierta sensación de volumen, además de un poco de perspectiva. Esta pintura será sucedida poco después, en el Mesolítico, por la de la escuela levantina centrada en el este peninsular y que difiera bastante con esta otra escuela ya que se cambia el lugar en el que se pinta (ahora en lugares poco profundos de las cuevas), se usa la escala y el movimiento y aparecen los seres humanos, sin embargo, se pasa del naturalismo a una pintura más bien abstracta, al esquematismo de los dibujos que continuará así hasta la Edad del Bronce. Finalmente, no conocemos cómo comenzó el hombre a pintar, aunque hay varias teorías: por una parte tenemos la teoría de Henry Breuil o mágico-simpática que nos dice que el hombre, para propiciar la caza creía que debía pintar la imagen del animal que deseaba cobrar, era una forma de asegurarse la caza, sin embargo, las figuras más representadas son bisontes y caballos, mientras se solían cazar más renos y ciervos; por otra, la teoría de Leroi-Gorhan o religiosa que nos dice que los cuevas eran lugares sagrados donde se realizaban ritos de iniciación, cosa que se intuye debido a la disposición, mostrando un complejo sistema de creencias en el que los bisontes y caballos representarían lo masculino y femenino (opuestos que se unen para generar vida), siendo los renos y ciervos un segundo nivel de creencias; finalmente, también se cree que el ser humano, cuando tenía tiempo libre, comenzó a pintar y dibujar de forma espontánea siendo conocida esta teoría como “El arte por el arte”.

Esta pintura se realizó en el Paleolítico Superior, en esta época el ser humano era nómada, es decir, no vivía en un lugar determinado sino que iba desplazándose de un lugar a otro en busca de alimentos, pues era un depredador. Sus principales actividades eran la caza y la recolección por lo que usaban la piedra tallada para crear sus propios utensilios, adaptados para su uso en el entorno glaciar en el que habitaban, pero poco después se producirá el deshielo que provocará que el ser humano comience a cambiar sus hábitos, de forma que todo esto concluya con la entrada de los hombres en la Historia.