sábado, 13 de abril de 2013

Eros y Psique



Nos encontramos ante Eros y Psique escultura realizada por el veneciano Antonio Canova entre 1787 y 1793. Es un ejemplo de escultura del arte neoclásico. En la actualidad se encuentra en el museo del Louvre, Francia.

Esta obra nos muestra a Eros, dios del amor, junto con la princesa Psique, su esposa y amada. Representa uno de los momentos finales del mito, en el que Eros va a despertar a la joven que ha quedado eternamente dormida tras ser vencida por la curiosidad mientras realizaba una tarea encomendada por la diosa Venus. Es un conjunto escultórico de bulto redondo realizado en mármol. La figura presenta bastante complejidad en su composición y aún podemos ver restos del barroco en él. Psique está tumbada de frente, con los brazos alrededor del cuello, despertándose, esperando a que Eros, a quien se representa con alas, con el cuerpo un poco inclinado hacia delante y los pies apoyados, con las rodillas dobladas, acercando su boca a la de su amada, a punto de besarla. La escena se desarrolla sobre una especie de piedra, sobre la que hay una tela (muy bien esculpida con numerosos pliegues) que cubre la zona íntima de Psique. Antonio Canova es el escultor neoclásico por excelencia. Formado en Venecia, pronto se trasladará a Roma. Sus obras se caracterizan por su grandeza, sencillez, belleza ideal y perfección. Elimina el exceso y representa modelos antiguos (aunque no los copia). Realiza obras como la “Tumba de María Cristina de Austria”, “Paulina Bonaparte (como Venus vencedora)” o “Las tres Gracias”.

Cuando esta obra fue realizada, Europa se hallaba en la época de la Ilustración. Los burgueses comenzaron a luchar por las ideas de igualdad y libertad, querían poder decidir quién les gobernaba, participar en política. Es la época de las grandes revoluciones, del Imperio Napoleónico. Cansados de las formas y los escorzos barrocos, se instaura un arte más pausado, universal, sin escuelas regionales. Se imitan las formas clásicas, se redescubren Grecia y Roma de nuevo, las ruinas “se ponen de moda”… Es el triunfo de la música, de los burgueses y de la libertad.

Coronación de Napoleón



Nos encontramos ante La coronación de Napoleón y su esposa Josefina realizado en el año 1807 por Jacques-Louis David. Es una muestra de la pintura francesa del neoclasicismo. En la actualidad se encuentra en el Museo del Louvre, París, Francia.

La obra nos muestra el momento en el que Napoleón corona a Josefina como emperatriz de Francia. Lleva una corona de laurel, denotando su gusto por todo lo relacionado con el imperio romano. A la izquierda, observamos a los hermanos y hermanas de Napoleón, además de sus cuñadas y Hortensia, la hija de Josefina. La madre del emperador, a pesar de no haber podido asistir a la ceremonia, se retrata en la tribuna, en una posición privilegiada. En la tribuna superior, el propio Jacques-Louis entre otro grupo de personas. A la derecha, el papa Pío VII junto con los cardenales franceses. Uno de ellos levanta un crucifijo en el momento de la coronación. El centro del cuadro es la corona y todos los personajes miran hacia ella excepto Josefina que mira al suelo y el propio Napoleón que mira al frente. Hay quien considera este cuadro un retrato del régimen imperial. La composición es lineal. La luz entra por la parte izquierda del cuadro, probablemente por algo ventana o vidriera de la catedral (la escena se desarrolla en Nôtre-Dame de París). Presenta un fuerte simbolismo ya que a los emperadores los coronaba siempre el Papa (símbolo de que obtenía el poder por la gracia de Dios) pero, al coronarse a sí mismo demuestra que obtiene el poder gracias al pueblo. El autor, Jacques-Louis David, quien había sido uno de los pintores favoritos de Luis XVI, se convirtió en el cronista oficial de la Revolución Francesa y el régimen napoleónico. Algunas de sus obras más importantes son “El juramento de los Horacios”, “Marat asesinado”, “El juramento del juego de la Pelota” o “El rapto de las Sabinas”.

Cuando este cuadro fue realizado, Napoleón se había auto-coronado Emperador de Francia y controlaba prácticamente toda Europa. La burguesa Francia posterior a la Revolución extendía su poder por todos los lugares conocidos del planeta, luchaba por imponer su nueva forma de vida.

El juramento de los Horacios



Nos encontramos ante el Juramento de los Horacios realizado por Jacques-Louis David en 1784. Es una muestra de la pintura del Neoclasicismo. Actualmente se encuentra en el Museo del Louvre, París, Francia.

Este cuadro representa a los hermanos Horacios en el momento en el que juran a su padre fidelidad a la patria y ponen su vida a su disposición. Sus mujeres se ven reflejadas al fondo, una de ellas junto a sus hijos, abatidas puesto que saben que sus maridos van a una muerte casi segura. La leyenda cuenta que Roma y Alba Lunga se enfrentaron para determinar cuál era la ciudad más importante de Italia. Para este enfrentamiento se enfrentaron los Horacios y los Curiacios (3 hermanos). Únicamente hubo un superviviente, uno de los Horacios quien mataría a su hermana por verla llorar por la muerte de su prometido, uno de los Curiacios. El cuadro se enmarca dentro de un marco arquitectónico que nos muestra un entorno típico de la Antigüedad: una serie de arcos de medio punto sostenidos por columnas de orden toscano. El centro del cuadro es la mano de padre Horacio que sostiene las espadas, cosa que nos hace centrarnos en la parte más significativa del cuadro. Los colores son apagados, exceptuando el rojo de la túnica del padre. Se produce un gran juego de luces y sombras (influencia de Caravaggio). Esta obra tiene un fuerte significado ya  que, encargada por el rey francés Luis XVI poco antes de la Revolución, quería demostrar la importancia del amor y la lealtad hacia la patria y, por supuesto, al rey, máxima autoridad del Estado. El autor de la obra, Jacques-Louis David, estudió arte en Roma, obsesionándose con todo lo que tenga que ver con el mundo clásico. Tras volver a Francia consiguió convertirse en uno de los pintores favoritos del rey, pero aun así no dudó en votar a favor de su ejecución. Cuando Napoleón obtuvo el poder francés, se convirtió en su pintor oficial. Entre sus obras podemos destacar “El juramento del juego de la Pelota”, “Marat asesinado”, “Coronación de Napoleón” y “El rapto de las Sabinas”.

Cuando esta obra fue realizada, Francia se encontraba en un momento bastante complicado: los excesos de los reyes de la dinastía Borbón habían hecho que el pueblo, que moría de hambre y sufría constantes crisis de subsistencia, comenzara a pensar en una rebelión. La burguesía, cansada de ser pisoteada por el mero hecho de no poseer un título nobiliario e influida por las ideas ilustradas, sería quien lideraría esta auténtica revolución liberal que acabaría con la todopoderosa monarquía absoluta francesa y transformaría al pueblo europeo. La lucha por nuestros derechos había comenzado.

domingo, 7 de abril de 2013

Gran Poder de Sevilla



Nos encontramos ante el Gran Poder de Sevilla realizado por Juan de Mesa en su etapa de madurez. Es una muestra de imaginería sevillana perteneciente al arte barroco. Actualmente se encuentra en Sevilla, en la basílica que recibe su nombre.

Esta imagen es una escultura exenta, siendo una imagen para vestir y procesionar por las calles. Representa a Jesús portando la cruz en un momento de cansancio absoluto. El material usado es la madera aunque se le añaden diversos postizos como las potencias de oro. Porta una túnica morada o el cordón. La composición presenta una suave diagonal que arranca desde la cintura para soportar el peso de la cruz; las piernas están abiertas, acentuando el movimiento del cuerpo que vemos inclinado hacia delante (sobre todo si lo vemos desde el lateral). El modelado, bastante profundo, depende de la policromía para acentuar los detalles. La imagen representa un gran sufrimiento, siendo muy emocional (de ahí deriva su gran popularidad). La mirada cambia según el lugar desde el que se observe. Este imaginero de la escuela sevillana destaca por sus diversas imágenes, todas muy expresivas, tanto de cristos como de vírgenes.

Cuando esta imagen fue realizada, España seguía fielmente los cánones de la Contrarreforma. Esta buscaba llevar la Religión Católica a todo el mundo, de manera que se buscó teatralizar la pasión de Cristo volviendo las calles un gran escenario, buscando así influir al fiel y potenciar su religiosidad, primaba el culto de los sentidos ante todo lo demás. En la actualidad, la Semana Santa sigue siendo un fiel reflejo en Andalucía de este gusto barroco contrarreformista por la pasión teatralizada.

Inmaculada de Soult



Nos encontramos ante La Inmaculada de Soult pintada por Bartolomé Esteban Murillo en el año 1678. Esta obra pictórica pertenece a la escuela española del arte barroco. Es un óleo sobre tabla y en la actualidad se encuentra en el Museo del Prado, Madrid, España.

Esta obra nos muestra a la Virgen María en una posición central, rodeada de ángeles. Se la representa en una posición en la que se conjugan tanto su papel de Inmaculada como la Ascensión. Sus ropajes son azules y blancos, está apoyada sobre la Luna (representación de su poder) y su mirada se dirige hacia el cielo. Los ángeles de su alrededor la contemplan, mientras los de abajo la impulsan en su camino. Este cuadro destaca por lo etéreo que es, consiguiendo con sus finas pinceladas fundir las figuras con la atmósfera celestial. La luz procede desde la esquina inferior izquierda. El cuadro fue encargado por Justino de Neve para el Hospital de los Venerables de Sevilla, siendo expoliado y llevado a Francia durante la Guerra de la Independencia por el mariscal Soult (de ahí su sobrenombre) exponiéndose en el Louvre durante casi un siglo hasta que fue traída de vuelta a España en el año 1941, tras un intercambio de obras de arte entre el museo parisino y el Prado, de Madrid. Murillo destaca por su gran producción de Inmaculadas, uno de sus temas favoritos. Autor que tras empezar siendo tenebrista acabó desechándolo, se convirtió en uno de los pintores más importantes del país. Entre sus obras más importantes son, entre otras, “La sagrada familia del pajarillo”, “San Juanito y el cordero”, “Niños comiendo fruta” o “Niños jugando a los dados”.

Esta obra pertenece a la escuela española barroca cuyos principales autores son Ribera, Zurbarán, Velázquez y Murillo. Los dos primeros, más naturalistas, aunque atenúan el tenebrismo típico del barroco; los otros dos prefieren plasmar lo bello y noble, humanizando y haciendo digno incluso a los bufones y los pobres. Entre las obras más destacadas de Ribera encontramos el “Martirio de San Andrés” y “El sueño de Jacob”; entre las de Zurbarán “San Hugo en el refectorio” y sus diversos cuadros sobre monjes; de Velázquez, “Vieja friendo huevos” y, sobre todo, “La familia de Felipe IV o las Meninas”.

Cuando este cuadro fue realizado, España se encontraba en un momento de total decadencia política. El gran imperio mundial que tanto esfuerzo había costado a los primeros Austrias, Carlos I y su hijo Felipe II, se desbarataba debido a la incompetencia de sus sucesores, quienes se valían de validos para reinar, en vez de ejercer sus funciones como reyes. Sin embargo, este es también el Siglo de Oro de las artes y las letras españolas. Época de contrastes, de esplendor y pobreza, de solemnidad y opulencia, de luces y sombras.

La familia de Felipe IV o las Meninas



Nos encontramos ante el cuadro La familia de Felipe IV, más conocido como las Meninas, pintado por Velázquez en el año 1656. Es una muestra de la pintura española del Barroco. Actualmente se encuentra en el Museo del Prado, Madrid, España.

Este cuadro nos muestra una escena que se desarrolla en el Alcázar de Madrid, exactamente en el Cuarto del Príncipe. Se nos muestra a 11 personas repartidas por toda la estancia. En el centro, presidiendo el cuadro, se encuentra la Infanta Margarita, de unos 5 años, acompañado de las Meninas: Isabel de Velasco y María Agustina Sarmiento. A la izquierda, el propio Velázquez, pintando un lienzo. A la derecha, los enanos Mari Bárbola  y Nicolasillo Pertusato, junto a un perro. Justo detrás de estos, doña Marcela de Ulloa y un desconocido guardadamas. En la puerta aparece el aposentador José Nieto y, en el espejo de la pared del fondo, se reflejan las figuras de  Felipe IV y su segunda esposa Mariana de Austria. La escena podría representar lo siguiente: la infanta Margarita y su corte llegan al taller del pintor para verle trabajar. La pequeña tiene sed, por lo que María Agustina Sarmiento le ofrece algo de beber. Justo entonces aparecen los Reyes (el aposentador les habría abierto la puerta, como era su deber) por lo que la actividad de casi todos los personajes se detiene. Isabel de Velasco hace una reverencia a sus majestades. Sin embargo, Marcela de Ulloa no se percata de su entrada y continúa hablando. La infanta, ajena a la llegada de sus padres, mira de forma cómplice al espectador del cuadro. No se sabe muy bien por qué realizó Velázquez esta obra: hay quien dice que es un retrato a gran escala de Felipe IV y Mariana de Austria; otros, que refleja un momento de la vida en la Corte, una representación de cómo era la vida en ella; otros buscan un significado más simbólico ya que lo interpretan como una continuación de la monarquía en la figura de la joven. Se basan en diferentes pruebas para decir ello. Se dice que las cabezas de los personajes de la izquierda forman un círculo, símbolo de la continuación eterna y de la perfección. También, que todas las cabezas del cuadro, tienen la forma de una constelación cuya estrella principal es llamada Margarita, como la protagonista del cuadro. El autor usa una pincelada suelta, retratando hasta el más mínimo detalle. También destacan las pequeñas pinceladas de color rojo que se aplican en diversas partes del lienzo.  Usa también claroscuros, siendo la sala iluminada por la puerta del fondo y algunas ventanas a la derecha, focalizando la luz en la figura de la pequeña Margarita. Este autor, excepcional y muy reconocido en su época, es considerado el iniciador del Realismo y el Impresionismo. Presenta varias tipologías en sus obras: las primeras, en Sevilla, más tenebristas entre  las que destacamos obras como Cristo en casa de Marta o Vieja friendo huevo; los retratos, especialmente de miembros de la Familia Real como el infante Baltasar Carlos o el rey Felipe IV; históricos como la Rendición de Breda; mitológicos  como La fragua de Vulcano o la Venus del espejo; paisajes, especialmente la Villa Medici y religiosos como su Inmaculada.

Esta obra es una muestra de la pintura barroca española. Esta se caracteriza principalmente por su evolución desde el tenebrismo hacia una concepción más luminosa. Se busca plasmar el realismo pero siempre buscando lo más bellos, llegando a humanizar y ennoblecer a personajes de los bajos fondos como los bufones. Destacan, además de Velázquez, autores de gran calidad: Murillo, Zurbarán, Ribera y Alonso Cano. De Ribera debemos destacar su Martirio de San Felipe y el Sueño de Jacob; de Zurbarán, los Trabajos de Hércules y San Hugo en el Refectorio y de Murillo, sus diferentes Inmaculadas (tema muy tratado por el artista) y los niños comiendo fruta.

Joven de la Perla



Nos encontramos ante La joven de la perla realizada por Veermer de Delft en 1665. Este óleo sobre tabla pertenece a la escuela flamenca de la pintura barroca.

El cuadro nos muestra el retrato de una joven desconocida, a la que apoda “de la perla” por la que lleva en su oreja. El fondo es neutro, de color negro, para reflejar mejor la personalidad de la chica. Está situada de perfil, girando la cabeza tres cuartos para dirigir su intensa mirada al espectador. Su boca se abre ligeramente, mostrando así su intención de hablar, dando además mayor realismo a la composición. La joven viste una chaqueta de color pardo, en la que destaca el cuello blanco y una especie de turbante azul y pardo, con reflejos blancos. Destaca el uso de la luz, que recuerda un poco a Caravaggio, ya que ilumina sólo algunas partes del rostro de la joven, dejando otras en sombra. De este cuadro suele decirse que la figura destaca sobre el fondo oscuro, haciéndose luz.

Esta obra pertenece a la pintura barroca de los Países Bajos. La pintura de Flandes y Holanda se caracteriza por las diferencias que había entre ambos territorios: católicos y protestantes; monarquía y república…  Destacan aquí Rubens y Rembrandt, uno holandés y otro flamenco. Entre las obras más importantes del primero debemos destacar las Tres Gracias y el Rapto de Proserpina. En el caso del segundo, destacan la Ronda de noche y sus “lecciones de anatomía”.

Cuando este cuadro fue realizado, Europa se hallaba dividida. El credo protestante se había extendido por toda la zona de Alemania – más por motivos políticos que religiosos – poniendo en peligro todo lo que se había conocido hasta entonces. También aparecen los estados modernos, gobernados por unos despóticos reyes absolutos que no dudarán en abusar de su poder para someter al pueblo. Sin embargo aparecerán en este clima las mayores representaciones artísticas de la humanidad: cuadros y esculturas llenos de expresionismo y edificios cargados de movimiento que sabían conjugar el lujo de los ricos con la sobriedad del estado llano.